Hay una paradoja en el mundo del trabajo chileno que pocas veces se nombra con claridad.
Chile trabaja mucho. Más que Alemania. Más que Dinamarca. Más que la mayoría de los países que consideramos desarrollados y eficientes. Y sin embargo, produce significativamente menos por cada hora trabajada.
En 2023, un trabajador chileno generó en promedio 36,8 dólares por hora trabajada. Un trabajador noruego, en el mismo período, generó 162 dólares. Un danés, 104. Un alemán, 88. El promedio de la OCDE fue 70 dólares, casi el doble que Chile.
Dicho de otra manera: Chile necesita casi el doble de horas de trabajo para producir lo que un país nórdico produce en una. Y aun así, trabaja más.
Eso no es un problema de esfuerzo. Es un problema de modelo.
En otras palabras: depende en gran medida del entorno en que las personas trabajan.
Y aquí aparece un dato que merece atención. Cuando se mide la confianza social, la disposición de las personas a confiar en otros fuera de su círculo inmediato, la correlación con productividad es notable. Dinamarca lidera el ranking global de confianza con un 74% de sus ciudadanos declarando que la mayoría de las personas son de fiar. Noruega, 72%. Finlandia, 68%. Países Bajos, 57%.
Chile y América Latina, en cambio, se ubican en los últimos lugares del mundo. Los países de la región oscilan entre el 4% y el 10% en este indicador. Son sociedades donde la desconfianza es la norma, no la excepción.
No es casualidad que los países con mayor confianza sean también los más productivos. La confianza es el sustrato sobre el que se construye todo lo demás: la colaboración, la comunicación honesta, la disposición a compartir información, la capacidad de aprender colectivamente.
Los países nórdicos han construido entornos, tanto a nivel social como organizacional, donde las personas se sienten seguras para hablar, para discrepar, para equivocarse sin consecuencias devastadoras. Donde el error es información, no condena. Donde la jerarquía existe pero no aplasta la voz de quien tiene algo relevante que decir.
En el lenguaje de la psicología organizacional, esto tiene un nombre: Seguridad Psicológica.
Lo que Escandinavia ha desarrollado a escala social, las organizaciones pueden construirlo a escala de equipo. Y los efectos son medibles.
La investigación de Gartner, Gallup y Harvard Business Review muestra que los equipos con alta seguridad psicológica reportan un 50% más de productividad y un 76% más de engagement que sus contrapartes. Las organizaciones que invierten en construirla reportan un retorno promedio del 230% por cada dólar invertido. La rotación de personal cae un 27%.
Y el 93% de los líderes de negocio que han trabajado el tema coinciden en un punto: la seguridad psicológica impulsa tanto la productividad como la innovación.
Estos no son números de bienestar. Son números de negocio.
Ahora bien, y esto es importante decirlo con honestidad, la relación entre seguridad psicológica y productividad no es una ecuación lineal. Los países nórdicos no son productivos solo porque tienen alta confianza social. Tienen instituciones sólidas, sistemas educativos potentes, baja corrupción y marcos laborales que funcionan. La confianza y la seguridad psicológica son parte de un sistema más amplio.
Pero hay algo que sí es posible afirmar con claridad: en todos los contextos donde se ha medido, equipos, organizaciones, países, los entornos de alta confianza y seguridad psicológica consistentemente producen más. No en algunos casos. En todos.
En culturas con alta jerarquía y alta evitación de la incertidumbre. como la chilena, el impacto de construir seguridad psicológica es significativamente mayor que en culturas angloamericanas o nórdicas. El potencial de mejora es más alto precisamente porque la brecha de partida es más profunda.
Chile no necesita importar el modelo nórdico. Necesita construir, dentro de su propio contexto cultural, las condiciones que permitan a las personas hablar, aprender y colaborar sin miedo. Eso no requiere cambiar la cultura de un país. Requiere cambiar la calidad del liderazgo y la forma en que se conducen las conversaciones dentro de cada equipo.
Es un cambio que está al alcance de cada organización. Y sus efectos son medibles desde el primer ciclo.
Los países que lideran la productividad mundial no lo hacen a pesar de cuidar a sus personas. Lo hacen, en parte, gracias a eso.
¿Cuánto podría producir tu equipo si las conversaciones que hoy no ocurren, porque alguien tiene miedo de hablar, empezaran a ocurrir?
NewConnections acompaña a organizaciones y equipos en el proceso de construir entornos de mayor seguridad psicológica, rendimiento sostenible y aprendizaje colectivo.